lunes, 28 de abril de 2014

Oración oficial a San Juan XXIII

 

Dios Padre amado,

que nos diste como Santo Padre

a San Juan XXIII,

llamado por todos

el Papa de la paz

y el Papa bueno.

Te pedimos Padre

por su intercesión

ser portadores en esta tierra

del don maravilloso de tu paz

y ser por tanto

hombres y mujeres

de diálogo,

comprensión

y tolerancia.

Ayúdanos Señor

a ver a todos los que nos rodean

como hermanos

e hijos de un mismo Dios

y a buscar en todo momento

el entendimiento

sin desvirtuar tu luz

y tu verdad.

Queremos,

como San Juan XXIII,

que nos reconozca el mundo entero

porque,

como discípulos tuyos,

nos amamos unos a los otros.

Gracias por este ejemplo de virtudes.

Y unidos a todos los santos del cielo

y en especial a este Papa bueno

te suplico Padre Santo

esta gracia particular que necesito.

Gracias te doy de antemano,

Señor,

porque al ruego de tan grande intercesor

estoy seguro de que me será concedida.

Amén



El texto está aprobado por el Cardenal Angelo Comastri,

Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano

 

Oración oficial a San Juan Pablo II

¡Oh San Juan Pablo,

desde la ventana del Cielo

dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia,

que tú has amado,

servido,

y guiado,

animándola a caminar con coraje

por los senderos del mundo

para llevar a Jesús a todos

y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes,

que han sido tu gran pasión.

Concédeles volver a soñar,

volver a mirar hacia lo alto

para encontrar la luz,

que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias,

¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de satanás

contra esta preciosa

e indispensable chispita de Cielo,

que Dios encendió sobre la tierra.

San Juan Pablo,

con tu oración

protege las familias

y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero,

todavía marcado por tensiones,

guerras

e injusticias.

Tú te opusiste a la guerra

invocando el diálogo

y sembrando el amor:

ruega por nosotros,

para que seamos incansables

sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo,

desde la ventana del Cielo,

donde te vemos junto a María,

haz descender sobre todos nosotros

la bendición de Dios.

Amén.



El texto está aprobado por el Cardenal Angelo Comastri,

Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano

 

domingo, 27 de abril de 2014

Coronilla de la Divina Misericordia


 

Para empezar:

Padrenuestro, Ave María y Credo.

 

Pasando las cuentas separadas, en sustitución del Padrenuestro (en el Rosario):

PADRE ETERNO, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu muy amado Hijo y Señor Nuestro, JESUCRISTO, en expiación de nuestros pecados y de los del mundo entero.

 

Pasando la cuentas de la decena, en sustitución del Ave María (en el Rosario):

Por su dolorosa Pasión,

ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

 

Para terminar:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal: Ten Piedad de nosotros y del mundo entero. (Tres veces)

 

 

 

 

 

miércoles, 19 de marzo de 2014

ORACIÓN DE LA HUMILDAD A SAN JOSÉ

Enséñanos José

Cómo se es “no protagonista”.

Cómo se avanza sin pisotear.

Cómo se colabora sin imponerse.

Cómo se ama sin reclamar.

Dinos José

Cómo se vive siendo ‘número dos’.

Cómo se hacen cosas fenomenales desde

un segundo puesto.

Explícanos

Cómo se es grande sin exhibirse.

Cómo se lucha sin aplauso.

Cómo se avanza sin publicidad.

Cómo se persevera y se muere uno

sin esperanza de que le hagan un homenaje.


¿Difícil? Sí, pero por lo menos habría que intentarlo... con la

ayuda del Señor y mirándonos en el espejo de San José.

 

LOS SIETE DOMINGOS EN HONOR DE LOS DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

Introducción:

Toda la vida de San José fue un acto continuo de fe y obediencia en las circunstancias más difíciles y oscuras en que le puso Dios. Él es al pie de la letra "el administrador fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia" (Lc 12, 42). Desde tiempo inmemorial, la Iglesia lo ha venido venerando e invocando como continuador en ella de la misión que un día tuviera para con su Fundador y Madre. En los momentos de noche oscura, el ejemplo de José es un estímulo inquebrantable para la aceptación, sin reservas, de la voluntad de Dios. Para propiciar esa veneración e imitación y para solicitar su ayuda, disponen a continuación del siempre actual Ejercicio de los siete Dolores y Gozos en honor a San José.




Por la señal de la Santa Cruz,

de nuestros enemigos,

líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre

y del Hijo

y del Espíritu Santo.

Amén.



Acto de contrición:


¡Señor mío, Jesucristo!

Dios y Hombre verdadero,

Creador,

Padre

y

Redentor mío;

por ser Vos quien sois,

Bondad infinita,

y porque os amo

sobre todas las cosas,

me pesa de todo corazón

de haberos ofendido;

también me pesa

porque podéis castigarme

con las penas del infierno.

Ayudado de vuestra divina gracia

propongo firmemente

nunca más pecar,

confesarme

y

cumplir la penitencia

que me fuere impuesta.

Amén.


 

 

Ofrecimiento


Glorioso Patriarca San José,

eficaz consuelo de los afligidos

y seguro refugio de los moribundos;

dignaos aceptar

el obsequio de este Ejercicio

que voy a rezar

en memoria

de vuestros siete dolores y gozos.

Y así como en vuestra feliz muerte,

Jesucristo

y su madre María

os asistieron

y consolaron

tan amorosamente,

así también Vos,

asistidme en aquel trance,

para que,

no faltando yo a la fe,

a la esperanza

y a la caridad,

me haga digno,

por los méritos

de la sangre

de Nuestro Señor Jesucristo

y

vuestro patrocinio,

de la consecución

de la vida eterna,

 

y por tanto

de vuestra compañía

en el Cielo,

Amén.



Primer dolor y gozo



Esposo de María,

glorioso San José,

¡qué aflicción

y angustia

la de vuestro corazón

en la perplejidad

en que estábais

sin saber

si debíais abandonar

o no

a vuestra esposa!

¡Pero cuál

no fue también

vuestra alegría

cuando el ángel

os reveló

el gran misterio

de la Encarnación!


Por este dolor y este gozo

os pedimos

consoléis nuestro corazón ahora

y en nuestros últimos dolores,

con la alegría de una vida justa

y de una santa muerte,

semejante a la vuestra

asistidos de Jesús y de María.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


 

 


Segundo dolor y gozo

 
 

Bienaventurado patriarca

glorioso San José,

escogido para ser padre adoptivo

del Hijo de Dios hecho hombre,

el dolor que sentisteis

viendo nacer al Niño Jesús

en tan gran pobreza,

se cambió de pronto

en alegría celestial

al oír el armonioso

concierto de los ángeles

y al contemplar las maravillas

de aquella noche tan resplandeciente.

 

Por este dolor y gozo

alcanzadnos

que después del camino

de esta vida

vayamos a escuchar

las alabanzas de los ángeles

y a gozar de la gloria celestial.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.




Tercer dolor y gozo

 

Ejecutor obediente

de las leyes divinas,

glorioso San José,

la sangre preciosísima

que el Redentor Niño

derramó en su circuncisión

os traspasó el corazón,

pero el nombre de Jesús

que entonces se le impuso,

os confortó llenándoos de alegría,


Por este dolor

y por este gozo

alcanzadnos

el vivir alejados

de todo pecado,

a fin de expirar gozosos

con el nombre de Jesús

en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.




Cuarto dolor y gozo

 

 

Santo fiel,

que tuvísteis parte

en los misterios

de nuestra redención,

glorioso San José,

aunque la profecía de Simeón

acerca de los sufrimientos

que debían pasar

Jesús y María,

os causó dolor,

sin embargo

os llenó también de alegría,

anunciándoos al mismo tiempo

la salvación

y resurrección gloriosa

que de ahí

se seguiría

para un gran número de almas.


Por este dolor

y por este gozo,

conseguidnos

ser del número

de los que por los méritos de Jesús

y por la intercesión

de la Virgen María

han de resucitar gloriosamente.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria,





Quinto dolor y gozo

 


Custodio vigilante

del Hijo de Dios hecho hombre,

glorioso San José,

¡cuánto sufrísteis

teniendo que alimentar

y servir

al Hijo de Dios,

particularmente

en vuestra huida a Egipto!,

¡pero cuán grande

fue vuestra alegría

teniendo siempre

con vos

al mismo Dios

y viendo derribados

los ídolos de Egipto.


Por este dolor

y

por este gozo,

alcanzadnos alejar

para siempre de nosotros al demonio,

sobre todo huyendo

de las ocasiones peligrosas,

y derribar de nuestro corazón

todo ídolo de afecto terreno,

para que

ocupados en servir

a

Jesús

y

María,

vivamos tan sólo para ellos

y muramos gozosos en su amor.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria,





Sexto dolor y gozo


 

Ángel de la tierra,

glorioso San José,

que pudísteis admirar

al Rey de los cielos,

sometido a vuestros más mínimos mandatos,

aunque la alegría

al traerle de Egipto

se turbó por temor a Arquelao,

sin embargo,

tranquilizado luego

por el Ángel

vivísteis dichoso en Nazaret

con

Jesús y María.


Por este

dolor

y

gozo,

alcanzadnos la gracia

de desterrar de nuestro corazon

todo temor nocivo,

de poseer la paz

de la conciencia,

de vivir seguros

con

Jesús y María

y de morir también

asistidos de ellos.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

 

 


Séptimo dolor y gozo

 

Modelo de toda santidad,

glorioso San José,

que habiendo perdido

sin culpa vuestra

al Niño Jesús,

le buscasteis durante tres días

con profundo dolor,

hasta que lleno de gozo,

le encontrasteis

en el templo,

en medio

de los doctores.


Por

este dolor

y

este gozo,

os suplicamos

con palabras salidas del corazón,

intercedáis en nuestro favor

para que no nos suceda jamás

perder a Jesús

por algún pecado grave.

Mas si por desgracia

le perdemos,

haced que le busquemos

con tal dolor

que no nos deje reposar

hasta encontrarle favorable,

sobre todo

en nuestra muerte,

a fin de ir

a gozarle en el cielo

y a cantar eternamente con Vos

sus divinas misericordias.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.



 

 

Antífona


Jesús mismo era tenido por hijo de José, cuando empezaba a tener como unos treinta años.

Rogad por nosotros,

San José,

para que seamos dignos

de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.






Oración Final


Oh Dios,

que con inefable providencia,

os dignásteis elegir

al bienaventurado José

por esposo de vuestra Santísima Madre,

os rogamos

nos concedáis tener

como intercesor en los cielos

al que en la tierra

veneramos como protector.

Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos.

Amén.


 

LETANÍA A SAN JOSÉ


Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.


Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Cristo escúchanos, Cristo escúchanos,

Dios Padre Celestial. Ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo. Ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo. Ten piedad de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios. Ten piedad de nosotros.


Santa María. Ruega por nosotros.

San José, Ruega por nosotros.

Ínclito descendiente de David, Ruega por nosotros.

Lumbrera de los Patriarcas, Ruega por nosotros.

Esposo de la Madre de Dios, Ruega por nosotros.

Custodio casto de la Virgen, Ruega por nosotros.

Padre nutricio del Hijo de Dios, Ruega por nosotros.

Solícito defensor de Cristo, Ruega por nosotros.

Jefe de la Sagrada Familia, Ruega por nosotros.

José justísimo, Ruega por nosotros.

José castísimo, Ruega por nosotros.

José prudentísimo, Ruega por nosotros.

José fortísimo, Ruega por nosotros.

José obedientísimo, Ruega por nosotros.

José fidelísimo, Ruega por nosotros.

Espejo de paciencia, Ruega por nosotros.

Amador de la pobreza, Ruega por nosotros.

Modelo de los obreros, Ruega por nosotros.

Honra de la vida doméstica, Ruega por nosotros.

Custodio de Vírgenes, Ruega por nosotros.

Amparo de las familias, Ruega por nosotros.

Consuelo de los desgraciados, Ruega por nosotros.

Esperanza de los enfermos, Ruega por nosotros.

Abogado de los moribundos, Ruega por nosotros.

Terror de los demonios, Ruega por nosotros.

Protector de la Santa Iglesia, Ruega por nosotros.


Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Ten misericordia de nosotros.


 

Le constituyó señor de su casa, y jefe de todo cuanto poseía.


 

OREMOS:

Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para esposo de tu Madre Santísima: te rogamos nos concedas que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle por intercesor en el Cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

 


INVOCACIÓN:

San José, haz que vivamos una vida inocente, asegurada siempre bajo tu patrocinio.

 

 

ORACIÓN A SAN JOSÉ DEL PAPA LEÓN XIII

A Vos,

bienaventurado San José,

acudimos en nuestra tribulación;

y, después de invocar

el auxilio de vuestra Santísima Esposa,

solicitamos también confiadamente

vuestro patrocinio.


Por aquella caridad

que con la Inmaculada Virgen María,

Madre de Dios,

os tuvo unido,

y por el paterno amor

con que abrazasteis al Niño Jesús,

humildemente os suplicamos

volváis benigno los ojos

a la herencia que con su Sangre

adquirió Jesucristo,

y con vuestro poder

y auxilio

socorráis

nuestras necesidades.

Proteged,

oh providentísimo Custodio

de la Sagrada Familia,

la escogida descendencia

de Jesucristo;

apartad de nosotros

toda mancha de error

y corrupción;

asistidnos propicio,

desde el Cielo,

fortísimo libertador nuestro

en esta lucha con el poder de las tinieblas;

y, como en otro tiempo

librásteis al Niño Jesús

del inminente peligro de su vida,

así, ahora, defended

la Iglesia Santa de Dios

de las asechanzas de sus enemigos

y de toda adversidad,

y a cada uno de nosotros

protegednos

con perpetuo patrocinio,

para que,

a ejemplo vuestro

y sostenidos

por vuestro auxilio,

podamos santamente vivir

y piadosamente morir

y alcanzar en el Cielo

la eterna felicidad.

Amén

(Suele rezarse esta oración en los meses de Marzo y Octubre, al final del Santo Rosario)

 

ORACIÓN A SAN JOSÉ

¡Oh San José,

custodio

y

padre de vírgenes,

a cuya guarda

fue encomendada

la misma inocencia

Cristo Jesús

y

María,

Virgen de las Vírgenes:

os suplico

y

ruego,

por estas dos

riquísimas prendas

Jesús y María,

que, preservándome

de toda inmundicia,

hagáis que siempre

sirva a Jesús y María

con puro corazón,

con cuerpo casto

y

con el alma libre

de toda mancha de pecado.

Amén.