lunes, 18 de octubre de 2010

Corona de San MIGUEL



Corona De San Miguel

Se empieza la corona rezando en la medalla, la siguiente invocación:

O Dios mio, ven en mi ayuda.
Apresúrate, Señor, a socorrerme.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo,
como era en el principio,
ahora y siempre
por los siglos de los siglos.
Amen.



1: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de los Serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas; y así recibir dignamente en nuestros corazones, el fuego de la caridad perfecta. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)





2: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de los Querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado; y seguir el camino de la Perfección Cristiana. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)




3: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de los Tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones, el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)






4: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de Dominaciones, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos, y así dominar nuestras pasiones. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)





5: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de Potestades, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)





6: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de las Virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)




7: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de los Principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de la obediencia. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)





8: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de los Arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la perseverancia final en la fe, y en las buenas obras; y así nos lleve a la gloria del Paraíso. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)






9: Por la intercesión de San Miguel y el coro celestial de los Angeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos, durante esta vida mortal y que nos guíen a la gloria eterna. Amén. (Padre Nuestro y 3 Aves)








Se reza un Padrenuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles, como se indica:
A San Miguel, a San Gabriel, a San Rafael, al Angel de la Guarda.




La corona de San Miguel se termina con las siguientes oraciones:

O glorioso príncipe, San Miguel, jefe principal de la milicia celestial, guardián fidelísimo de las almas, vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel Servidor en el palacio del Rey Divino, sois nuestro admirable guía y conductor. Vos que brilláis con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, libradnos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a vos. Asistidnos con vuestra afable protección, para que seamos más y más fieles al servicio de Dios, todos los dias de nuestra vida.

V. Rogad por nosotros, O glorioso San Miguel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oración

Omnipotente y Eterno Dios, Os adoramos y bendecimos. En Vuestra maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, habéis escogido al glorioso Arcangel San Miguel como príncipe de Vuestra Iglesia. Humildemente Os suplicamos, Padre Celestial, que nos libréis de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitáis que ningún espíritu maligno se nos acerque para perjudicar nuestras almas. O Dios y Señor Nuestro, guiadnos por medio de este mismo arcángel. Enviadle que nos conduzca a la presencia de Vuestra Excelsa y Divina Majestad. Os lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.




Un día San Miguel Arcángel se apareció a la devota sierva de Dios, Antonia d'Astonaco. El arcángel le dijo a la religiosa que él deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones. Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. Consiste la corona de un Padrenuestro y tres veces el Ave María, en honor de cada coro angelical.

Promesas De San Miguel
A los que practican esta devoción en su honor, el arcángel promete grandes bendiciones. Promete enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitaran estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua; es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aun más, serán acompañados de todos los ángeles; y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio

domingo, 12 de septiembre de 2010

Oración a los Santos Angeles Custodios de los Sagrarios




"Oh Espíritus Angélicos que custodiáis nuestros Tabernáculos, donde reposa
la prenda adorable de la Sagrada Eucaristía, defendedla de las profanaciones
y conservadla a nuestro amor".

"Dios, Padre misericordioso, que en tu providencia inefable te has dignado
enviar para nuestra guarda a tus Santos Ángeles; concede a quienes te
suplican ser siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su
compañía.

Por nuestro Señor Jesucristo..."

(Colecta de la Misa de los Santos Ángeles Custodios)




Petición a Dios


"Dios, Padre del Cielo, que con admirable sabiduría, distribuyes los
ministerios de los Ángeles y de los hombres; te pedimos que nuestra vida sea
protegida en la tierra, por quienes te asisten siempre en el Cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo..."

(Colecta de la Misa de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael



TÚ TE DAS TODO




Tú te das todo...sienta lo que yo sienta...

Y yo rezo tal y como vivo...y vivo tal y como rezo.
Pero en definitiva rezo y vivo tal y como comulgo.
Y comulgo con tu Cuerpo y tu Sangre como vivo y como rezo...

¿Qué más podria hacer Jesús por nosotros?



¡Oh Dios de amor!

¡Oh amante infinito!

Dime: ¿qué más podías haber inventado para hacerte amar?


No te bastó hacerte hombre,
sujetarte a nuestras miserias;

no te bastó derramar por nosotros
toda tu sangre
a fuerza de tormentos y morir después consumado de dolores...

Acabaste ocultándote bajo las especies
de pan y vino
para hacerte nuestro alimento y así unirte por completo con cada uno de nosotros.

¡Desgraciados nosotros si no te amamos en esta vida,
porque, al entrar en la eternidad, nos causará gran remordimiento!


Jesús mío, no quiero morir sin amarte con todas mis fuerzas.

Siento inmenso dolor y me da pena el haberte causado tantos disgustos; me arrepiento y quisiera morir de dolor por ello.

¡Oh Madre de Dios, María, ruega a Jesús por mí y hazme santo!
Añade a tantos prodigios tuyos este otro de transformar a los pecadores en santos.











San Alfonso María de Ligorio

jueves, 3 de junio de 2010

Oración por los seminaristas


Oh Jesús, Sacerdote Eterno, que en tu infinita bondad y providencia te dignas escoger de entre los hombres a los que llamas al estado sacerdotal, para que se ocupen de las cosas que pertenecen a Dios, que son tus intereses divinos y eternos. Mira cuán sensible y desventajoso es para tu Iglesia la disminución de los jóvenes que aspiran al sacerdocio, y cuántos pueblos hay que no tienen el suficiente número de sacerdotes para satisfacer su necesidad de Dios. Las tentaciones utilitaristas de la época y el sensualismo de la vida, ha matado en los jóvenes la fe y las aspiraciones a lo sabrenatural, sólo buscan las ventajas y las comodidades personales que los arrastran al placer... y al dinero, que proporciona el placer. Crece el ejército de los que marchan con la mirada fija y obsesionada en los bienes de la tierra, olvidados de los bienes eternos del cielo. Dígnate oir nuestra humilde oración en beneficio de tu Iglesia, y multiplica en favor de tus seminaristas las gracias qe necesitan para perseverar y que sean sacerdotes según tu corazón; amantísimos de la humildad, de la pureza, de la obediencia y de las almas que redimiste con tu preciosa sangre. Virgen Santísima, Inmaculada María, presenta a tu Hijo Jesús nuestra humilde súplica, para que los seminaristas de todo el mundo, de manera particular los de nuestra arquidiocesis, sean santos de verdad y fieles a la gracia de su vocación.

Preces por los seminaristas




V/.
Oh Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Ley, Sembrador de la preciosa semilla de la vocación sacerdotal en las almas de tus predilectos escogidos, te pedimos:
R/. Que derrames abundante la semilla de la vocación.
V/. Que la fecundes con tu gracia en los corazones que la han recibido.
R/. Que apartes de tus escogidos la desdicha de serte infieles.
V/.
Que llenes de tu Amor aquellas almas venturosas que llamas a Ti.
R/. Que les des a conocer vivamente la grandeza del Sacerdocio, que vayas modelando su corazón sacerdotal a semejanza del Tuyo divino.
V/.
Que des a los Seminarios todos los medios y recursos que necesitan para ser lo que Tú quieres que sean.
R/. Que des a los Seminarios superiores y profesores santos y sabios que necesitan.
V/.
Que los Seminarios sean escuela altísima de tu Amor, fragua de apóstoles entregados, y vivero de sacerdotes santos.
Para que esta súplicas penetren en el Cielo.
R/. A Ti acudimos, Señor.
V/.
Para que éstos santos deseos sean consoladora realidad.
R/. En Ti esperamos, Señor.
V/.
Para que tus Seminarios aceleren la hora de tu Reinado.

R/.En Ti confiamos, Señor.

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento



Virgen María, Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, gloria del pueblo cristiano, gozo de la Iglesia universal, ruega por nosotros y concede a todos los fieles verdadera devoción a la Sagrada Eucaristía, siendo dignos de recibirla cada día.
Oración
Oh Sagrado Banquete, en el cual recibimos a Cristo, se renueva la Memoria de su Pasión, el alma se llena de gracia y nos es dada en prenda la vida futura!
V. Les has dado pan del cielo
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, Tu nos has dejado el memorial vivo de tu Pasión bajo los velos de este sacramento. Concédenos, te suplicamos, venerar los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre de manera que podamos siempre gozar de los frutos de tu Redención. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.